Un cuerpo pensante marcado por la espiral.
Un cuerpo aturdido por el pensamiento que crea un dolor invisible.
Una espiral que resuena con la imagen del cuerpo y con la forma en que lo percibimos.
Una herida que perfora la piel.
El cuerpo se sumerge en las profundidades de su intimidad y despierta en un mundo de ensueño y oscuridad, donde, a pesar de todo, se siente arropado. El agua lo conduce hacia un espacio no físico, donde los límites del cuerpo y de la percepción comienzan a transformarse.
Un retorno constante al mismo lugar, en alturas distintas.
De la oscuridad nace la aceptación de las sombras que forman parte de nosotros, convivir con ellas y reconocer su belleza.
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Obra incluida en la exposición Interdependencias, Sección Oficial de PhotoESPAÑA


