El de Tony Lorenzo es un trabajo de reconstrucción personal, no tanto para conocer su historia, de la cual guarda una minuciosa memoria visual y emocional, sino para aprender a contársela de una forma más amable y conciliadora.
Cuando uno escucha la biografía de este artista, contada en primera persona con la precisión aséptica de un cirujano, tiene la sensación de que ha sido escrita por un guionista implacable que somete a su personaje a todo tipo de adversidades. Tras la pérdida de su entorno familiar más próximo, a una edad muy temprana y en circunstancias difíciles, Tony decide abandonar su lugar de nacimiento para establecerse muy lejos, geográfica y emocionalmente, de su historia familiar. Desde Oxford, en el Reino Unido, se construye un modo de vida, una profesión y una memoria nuevas, apoyado en lo que él define como su “familia elegida”, la que ha edificado desde su partida del hogar.
Pero ciertas cosas se obstinan en volver, de forma insospechada, pidiendo ser atendidas y colocadas en su lugar. En una revisión de las pertenencias que su madre le dejó al morir, el artista encuentra un libro de poesía de Antonio Machado, con una página marcada señalando el poema El viajero. Breve y simbólico, este poema presenta la imagen de un caminante –figura recurrente en la obra de Machado– que abandona su lugar de origen, para volver al cabo de los años siendo otro, un desconocido, apenas una sombra misteriosa de aquél que un día marchó.
Esta alusión a la impermanencia de la vida, lo efímero de la memoria y el misterio del otro, es lo que vertebra el desafío que Tony Lorenzo se impone al abordar su proyecto fotográfico. El viajero es la construcción de una memoria olvidada, una etapa que comienza en la infancia y que termina tras la partida del lugar de nacimiento, tras la muerte de todos sus familiares cercanos.
Comisariado: Matías Costa
Exposición en el marco de los Encuentros Fotográficos 2025






