Detonación

Ingrid Buchwald

23 Junio 2010

Cartón, cinta de embalar, pantalla de LEDs, arduino y cable. Dimensiones variables

Ingrid Buchwald basa su trabajo en la observación de lo que le rodea, en la interacción del hombre con su entorno, que hoy en día es predominantemente urbano. En Detonación, se mezclan el interés por un tema de actualidad (el terrorismo) con una filosofía de otros tiempos y la tecnología cotidiana: unas bombas de fabricación casera se activan con la conversación en Skype de dos personas que parecen evocar, en clave secreta, los buenos tiempos de Thoreau y la vuelta a la cabaña. Pero esta idea de repente se revuelve en el siglo XXI, evocando más bien la guarida de Una-Bomber, cuyas intenciones eran otras que no el retorno a la vida bucólica en el campo.
La pieza habla sobre la posibilidad de reiniciar el sistema, de un romper con todo y recuperar la vida pastoril, bañarse en un lago y pescar, perderse, alejarse del ritmo contemporáneo, todo ello desde la perspectiva de este siglo XXI: Isidore y Claire hacen planes para retirarse al campo, construir una cabaña y volver a empezar, sin que sepamos nada absolutamente de su vida actual ni de su pasado. Utopía significa ningún lugar o no-sitio, según la procedencia griega de la palabra. Un sitio imaginado es la expresión de un deseo, y en la búsqueda de un mundo nuevo perfecto, hay que destruir el anterior.
En el siglo XIX, en una pequeña ciudad cercana a Boston, Massachusetts, llamada Concord, floreció un núcleo de intelectuales que renovaron el pensamiento, la literatura y la poesía y que se ocuparon también de temas como los derechos civiles y el pensamiento político. El padre de todos ellos fue Ralph Waldo Emerson, a quien acompañaron Henry David Thoreau, Walt Whitman, Nathaniel Hawthorne y otras personas menos conocidas que estaban en la vanguardia filosófica norteamericana y fueron llamados los trascendentalistas. Esta corriente filosófica defiende que la verdadera independencia del individuo se consigue con la intuición y la observación directa de las leyes de la naturaleza. Thoreau fue la primera persona que enunció el derecho a la desobediencia civil, una especie de “y si…” sobre la condición humana y las leyes a las que ésta se ve sometida. Y Buchwald traslada ese pensamiento a la peligrosa frontera del siglo XXI.