Turismo, idealización y construcción de la fantasía del viajero

Un análisis de la imagen del turismo hoy a través de la obra de Burak Arikan en Datascape

Published: 06/04/2014
Turismo, idealización y construcción de la fantasía del viajero

Burak Arikan, Monovacation, 2014.

Por Semíramis González (@semiramis_glez), Semíramis en Babilonia

Burak Arikan (Turquía, 1976) presenta en Datascape, comisariada por Benjamin Weil, una pieza de vídeo que reflexiona sobre la idea de las vacaciones. En Monovacation (2014) una serie de pequeños fragmentos de anuncios (en clips de unos 3-4 segundos) muestran la típica publicidad de los destinos turísticos que intentan convencer al indeciso a escoger un lugar u otro.

En el montaje en sala, en un mosaico de imágenes, Arikan quiere reflexionar sobre algo más allá: con tags concretos en cada clip (mujer, playa, mar, placer…) la imagen general es que no se distingue un sitio de otro. La publicidad es la misma para vender unas vacaciones en Portugal en Egipto o en India. ¿Qué ocurre entonces? ¿Tan parecidos son unos lugares de otros?

Realmente lo que se está poniendo de manifiesto aquí es la cuestión de la representación del Otro; y esto me trae a la mente el libro que recientemente ha publicado Cátedra, Rincones de postales. Turismo y hospitalidad, de Estrella de Diego. En este ensayo se parte de la idea que distingue al turista del viajero: mientras que el primero acude al destino con una idea preconcebida del mismo (muchas veces fomentada desde la propia agencia donde ha comprado el viaje) y su estancia está totalmente marcada en tiempos y visitas, el segundo se deja llevar a la deriva, integrándose en el lugar de destino para realmente conocer cómo es el país al que ha llegado. “El síndrome de Stendhal ha dado lugar al síndrome del viajero de clase turista”, dice en su prólogo.

Pues bien, justo de esto parece hablarnos la obra de Arikan: la globalización ha incorporado la idea de vacaciones como parte de su programa. El trabajador necesita el descanso para seguir produciendo (¿es el descanso parte de esa producción también?). Y además se le va a vender la necesidad del viaje como huida de lo rutinario para fomentar que consuma turismo. Todo es, sin embargo, una falacia visual, una construcción ideológica incluso, ya que no se viaja a Israel esperando conocer propiamente el país, sino aquello que nos han vendido como típico (de aquí surgen esas famosas coronas de espinas que se venden en las calles más concurridas de Jerusalén).

La obra de Arikan muestra esto mismo gracias a las etiquetas: son imágenes similares, tan planificadas que no permiten distinguir la playa de Tailandia de la de Turquía. ¿Qué hacer, entonces?

Nos queda, como sugiere Estrella de Diego, “revisar el relato, inventar un modo de fragilizarlo. (…) Volver a narrar”.

Vista de la instalación Monovacation en Datascape.

Estamos todo el tiempo ante una crisis en la representación, en el discurso. Nos imponen un viaje determinado, con todos los clichés posibles del sitio que visitamos, porque no queremos realmente conocer el país, sino que nuestra ilusión no se vea rota y al llegar a México efectivamente nos esperen tequila, mariachis y ruinas aztecas.

Precisamente de lo artificial de las vacaciones nos habla Martin Parr en sus clásicas fotografías de turistas visitando monumentos típicos, o tumbados en la playa con horas y horas de sol sobre la piel. En sus imágenes, totalmente pensadas desde la ironía y el humor, se hace patente lo falso de los anuncios publicitarios. Como él mismo dice, “uso los prejuicios y los clichés como punto de partida. La mayoría de la gente no se da cuenta de que está rodeada de propaganda”.

Martin Parr, Mexico, 2002.

La idea que tenemos de fondo, pues, en estos tres ejemplos, Arikan, Estrella de Diego y Martin Parr, es que la publicidad turística hoy es una representación idealizada de la realidad del territorio que visitamos únicamente para atraer a cuantos más mejor.

Y no sólo nosotros como viajeros somos los responsables; los lugares, a menudo, se transforman para no defraudarnos, tal y como sugiere la profesora De Diego. No sólo el turista acude con una idea anticipada, sino que el mismo lugar se convierte en eso que precisamos ver. Como cuando Cristóbal Colón llegó a América, convencido de que estaba en la India. Su certeza era tal que todo podía justificarse, tal y como escribe, para que aquello que veía, por muy diferente que fuera (como que era otro continente) se adecuara a la descripción de la India que llevaba en mente.

La instalación de Burak Arikan, que forma parte de Datascape, complementa la idea general de toda la exposición. Si bien el tema central de la muestra es el paisaje modificado con el avance tecnológico y digital, la pieza de Arikan nos habla no tanto del paisaje como espacio físico sino como mapa mental, como construcción de lo que vemos y recreación del viaje.

Burak Arikan, Monovacation, 2014.

No nos interesa el paisaje como aquello único y con valor por sí mismo y en su contexto, sino aquello que hemos construido en torno a él (no como es, sino como suponemos que debería ser). Por eso se ha banalizado incluso el viaje al Everest, que otrora podía acarrear peligro de muerte pero que ahora, planificado por la agencia y a un precio determinado (no barato precisamente), se convierte en casi una excursión.

La importancia de reflexionar sobre las imágenes que consumimos es el trasfondo crítico de Arikan. Nada de lo que se nos vende en publicidad es inocente. Todo tiene una intención determinada. Y no sólo es una cuestión económica, también una crisis del discurso. Hay que tener precaución con lo que se nos cuenta sobre el Otro porque de aquí derivan los estereotipos y los clichés. Debemos cuestionarnos siempre aquello que nos enseñan, lo que se supone que es inamovible, porque como decía Foucault, y repetía sabiamente Leonard Cohen, hay una grieta en todo. Así es como entra la luz.

 

 

 

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